
En medio de la atención que demanda el enfrentamiento bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán y sus repercusiones para el precio internacional de las materias y los mercados financieros a nivel global, es fácil perder de vista la trascendencia histórica de la misión espacial Artemis II.
Lanzada el 1 de abril de 2026, esta misión constituye el primer vuelo tripulado de la NASA a la Luna desde la misión de Apollo 17 en diciembre de 1972. Así como en la mitología griega, Apollo y Artemis (en inglés) eran hermanos gemelos con igual ambición pero dominios distintos, esta nueva misión a la luna cumple una función distinta a la del programa Apollo: ya no se trata solamente de demostrar superioridad tecnológica o geopolítica, sino de validar una arquitectura de largo plazo para sostener actividad humana, científica y eventualmente comercial de la luna. En pocas palabras, mientras el principal objetivo del programa Apollo era geopolítico, el de Artemis es económico.
En la narrativa oficial de la NASA, Artemis es el puente entre la exploración lunar, la preparación de futuras misiones a Marte y la construcción de una economía lunar basada en contratos con empresas privadas, infraestructura orbital, logística de carga y cooperación internacional. Desde el punto de vista económico, la luna deja de ser únicamente un destino simbólico y empieza a perfilarse como un espacio de inversión pública estratégica, innovación tecnológica y definición de normas para nuevos mercados. Lograr estos objetivos solo está al alcance de un puñado de países debido al astronómico costo que implica un programa espacial.
El programa Apollo se desarrolló entre 1961 y 1972, consistió en un total de 11 vuelos espaciales tripulados (Apollo 7-17). Seis misiones alunizaron con éxito, y 12 astronautas pisaron la superficie lunar. Estados Unidos invirtió unos 26 mil millones de dólares entre 1960 y 1973 en el programa Apollo, alrededor de 310 mil millones de dólares de 2025. Esto es equivalente a 2.4 veces el PIB de la República Dominicana el año pasado. Esa magnitud convirtió a Apollo en uno de los mayores esfuerzos de política industrial del siglo XX. Su importancia económica no residió solo en llegar a la Luna, sino en sus efectos indirectos. El programa aceleró el desarrollo de la electrónica, las telecomunicaciones, la informática y la organización de grandes cadenas de distribución. En otras palabras, Apollo fue una inversión pública con grandes externalidades tecnológicas, incluso si no generó un mercado lunar permanente.
En lo referente al nuevo programa espacial, según información de la NASA, la misión Artemis II tendrá un costo aproximado de entre 4 mil millones de dólares por lanzamiento, lo que incluye el cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) y la cápsula tripulada Orión. Se calcula que, hasta el momento, el costo del programa Artemis ha ascendido a unos 93 mil millones de dólares entre 2012 y 2025. Esta es una inversión más “modesta”, en términos relativos, que la requerida por el programa Apollo, pero con un gran potencial de rendimiento a largo plazo.
China, que alunizó exitosamente con la nave espacial Chang’e en diciembre de 2013, e India, que lo hizo más recientemente con Chandrayaan-3 en agosto de 2023, pertenecen a una etapa diferente de la economía lunar. No reproducen la lógica de la Guerra Fría, pero tampoco persiguen una exploración puramente científica. En economías emergentes, la política espacial puede servir como instrumento de transformación productiva porque moviliza capital humano altamente calificado, demanda componentes avanzados, impulsa investigación aplicada y mejora la visibilidad internacional del país como oferente de servicios tecnológicos.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta de que en estos cuantiosos proyectos espaciales, los riesgos son significativos y el rendimiento nunca está garantizado. Por el ejemplo, el programa soviético N1-L3, aunque costó alrededor de la mitad de Apollo, significó una enorme carga fiscal para Rusia y no logró generar un retorno tecnológico, institucional y estratégico similar al estadounidense.
La discusión económica sobre la Luna ya no se limita, al costo de llegar, sino a cómo sostener actividad recurrente. El Dr. Akhil Rao, ex economista jefe de la NASA, ha insistido en que la formación de mercados espaciales requiere señales de demanda creíbles y de largo plazo. De lo contrario, la inversión privada no tendrá los incentivos para participar activamente. Igualmente, el Profesor Philip Metzger de la Universidad Central de la Florida, ha explorado la posibilidad de que la Luna se transforme en plataforma de abastecimiento para operaciones más amplias en el espacio. Estas visiones difieren en su grado de optimismo, pero coinciden en que la rentabilidad de la economía lunar depende de infraestructura, reglas y coordinación, y no simplemente a lograr misiones que alunicen de manera exitosa.
Es altamente probable que, en el corto plazo, los beneficios de la naciente economía lunar se concentren en un pequeño grupo de países o incluso estados, donde grandes contratistas y empresas tecnológicas con acceso privilegiado a capital, propiedad intelectual y contratos públicos se sirvan con la cuchara grande. En respuesta a esta realidad, la OCDE ha insistido en que la economía espacial necesita evidencia económica y reglas públicas robustas para evitar nuevas externalidades negativas. La Luna, en ese sentido, podría reproducir desigualdades y problemas de gobernanza ya conocidos en la economía de la Tierra, a menos que el diseño institucional evolucione al mismo ritmo que la capacidad tecnológica.
Bibliografía
- Corrado, L., Cropper, M., & Rao, A. (2023). Space exploration and economic growth: New issues and horizons. Proceedings of the National Academy of Sciences, 120(43).
- Dreier, C. (2022). An improved cost analysis of the Apollo program. Space Policy, 60.
- Dreier, C. (2025). How much did the Apollo program cost? The Planetary Society.
- Erickson, A. S., & Siddiqi, A. A. (2018). Revisiting the U.S.-Soviet space race: Comparing two systems in their competition to land a man on the Moon. Acta Astronautica, 151.
- Metzger, P. T., et al. (2023). Economics of in-space industry and competitiveness of lunar-derived rocket propellant. Acta Astronautica, 210.
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- OECD. (2024). The economics of space sustainability: Delivering economic evidence to guide government action. OECD Publishing.
- Press Information Bureau, Government of India. (2023). Chandrayaan-3 has proved India’s capability for cost effective space exploration.
- Weinzierl, M. (2018). Space, the final economic frontier. Journal of Economic Perspectives, 32(2).








Excelente artículo. Muy clara la diferencia entre el Artemis Program y el Apollo Program, y el enfoque económico está muy bien logrado.