
Es bien sabido que para medir la felicidad de las personas los economistas y los psicólogos utilizan indicadores que construyen desde encuestas que exploran el sentimiento de bienestar que tienen las personas con sus vidas. Estos indicadores subjetivos de bienestar varían en forma y complejidad, oscilando entre aquellos que se construyen con una simple pregunta como el basado en la Encuesta Mundial de Valores y los que requieren de múltiples indagaciones como el Cuestionario General de Salud (GHQ) del Reino Unido.
Aunque existe una gran variedad de mediciones de felicidad, quizás el indicador más utilizado en la actualidad lo construye la firma encuestadora Gallup, basándose en el trabajo del psicólogo estadounidense Hadley Cantril (1965). Se trata de un popular método de sondeo donde se pide al encuestado calificar el nivel de satisfacción que tiene con su vida presente, pasada y futura, escogiendo de una escala que va desde 0 (vida miserable) hasta 10 (vida ideal). Esta información se estandariza para construir un índice de felicidad comparable entre países. Veamos los detalles.
El indicador mundial de felicidad de la firma Gallup (WHI, por sus siglas en inglés) viene elaborándose desde 2005. Año tras año se discute en el marco del Informe Mundial de Felicidad que se publica con el respaldo del Centro de Investigación sobre Bienestar de la Universidad de Oxford y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El informe cuenta con un consejo editorial al que pertenecen figuras de la talla del Richard Layard, pionero en el campo de la economía de la felicidad y del profesor Jeffrey Sachs, la mente maestra detrás de las famosas metas del milenio de las Naciones Unidas.
Antes de construir el Índice WHI, Gallup encuesta a más de 1,000 personas en 150 países evaluando dos cosas: la satisfacción del encuestado con su vida en general; y las emociones positivas y negativas que experimenta en un momento determinado. En el primer caso, las respuestas permiten medir lo que se conoce en psicología como felicidad evaluativa. En el segundo, las respuestas se usan para identificar la felicidad afectiva del encuestado, aquella que experimenta en el muy corto plazo. Variables como el ingreso, la salud, la educación, la protección social y la vida en comunidad se relacionan positivamente con la felicidad evaluativa. El tiempo en familia, el trabajo, el intercambio amistoso y hasta el sexo forman parte de las variables que influyen en la felicidad afectiva.
Una vez obtenidas las respuestas a las preguntas realizadas por Gallup, se ponderan según su importancia para construir los índices promedio de felicidad de cada nación. Para suavizar la serie, las comparaciones entre países se hacen promediando tres años de datos y comparando exclusivamente la información de felicidad evaluativa, mucho más estable que el indicador afectivo de corto plazo. Con esta información podemos responder algunas preguntas relevantes.
¿Cuáles son los países más felices y menos felices del mundo?
Las gráficas 1 y 2 presentan los 20 países más y menos felices del mundo en el año 2024, según el indicador WHI de la firma Gallup. Como ha sido la tradición desde que se introdujo el índice por primera vez hace unas dos décadas, los países nórdicos encabezan el listado de los más felices, mientras los africanos, de bajos ingresos, se ubican entre los menos felices. Estimaciones muestran que esta relación se va perdiendo en la medida que el nivel de ingreso se va acercando a USD 10,000 en términos de paridad de poder adquisitivo (Layard, 2003 y 2005; Manfredi, 2022).


Nótese que Finlandia, Dinamarca y Suecia son tres de los cinco países más felices, mientras las grandes potencias industrializadas como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia no aparecen en el ranking de los 20 países más felices. El ranking de 2024 incluye tres países en desarrollo (Costa Rica, México e Israel) y tres naciones de Europa del Este (Eslovenia, Republica Checa y Lituania). El resto de la lista de países más felices la conforman economías desarrolladas.
En el otro lado del espectro, Afganistán parece estar en una clase propia. De hecho, la calificación de 1.36 es la más baja en la historia del WHI. El caso es más dramático si se considera exclusivamente el WHI de las mujeres afganas, el cual se ubica por debajo de 1.0, un eslabón terriblemente cercano al que la Escala de Cantril define como “la vida más miserable posible”. Un punto para destacar es que, de las 20 naciones menos felices, catorce están en el continente africano.
La gráfica 3 contiene información relativa que compara a los países de mayor índice de felicidad con los de menor bienestar subjetivo. Nótese en la gráfica 3a que el promedio del indicador de los veinte países más felices es de 7.098, mientras que el de los países menos felices es de casi la mitad, 3.594. Además de ser mucho menor, el dato de los países menos felices es más disperso como se muestra en la gráfica 3b.

Una información que llama la atención es que la brecha entre el país de puntuación más alta y el país de puntuación más baja es de casi 3.0 en los países menos felices y de menos de 1.0 en los países más felices. Es de esperarse entonces que la movilidad en el ranking cada año sea mucho mayor entre los países de menor felicidad. Hace unos diez años Togo era el país con el menor WHI del mundo. Con un avance moderado, hoy ni siquiera forma parte del listado de los 20 países menos felices.
¿Quién es feliz en América Latina? ¿Qué rol juega el ingreso en la felicidad de la región?
En América Latina (AL), los países más felices según el informe son Costa Rica y México, seguidos por Uruguay, Brasil, EL Salvador, Panamá, Argentina, Guatemala, Chile y Nicaragua. Siete de estos diez países también aparecen en el listado de las 10 economías de mayor PIB per cápita en la región. Los únicos tres países en esta última lista que no forman parte del grupo de las naciones más felices de AL son República Dominicana (RD), Colombia y Paraguay.

Ahora bien, si se utiliza un enfoque más dinámico de los datos, puede verse como han avanzado los países latinoamericanos en los indicadores de felicidad en los últimos años. Bajo este nuevo enfoque, entre 2012 y 2024, RD es el país de mayor avance con un incremento en su puntuación promedio del índice de 0.88. Le siguen Nicaragua y Honduras ambos con 0.82. En dirección contraria, se han movido Brasil (-3.55), Venezuela (-1.36) y Panamá (-0.74).

Los indicadores de felicidad son muy reveladores de varios aspectos interesantes. En general, aumentos del ingreso de los países menos felices tienden a incrementar el bienestar subjetivo. No puede decirse lo mismo en los países desarrollados, donde el aumento marginal del ingreso tiene un efecto casi nulo en la felicidad. Cabe recordar la paradoja de Easterlin (2003) de que “en un momento cualquiera los individuos más ricos en una sociedad tienden a ser más felices que los individuos más pobres, pero en el tiempo una sociedad no se vuelve necesariamente más feliz por volverse más rica”.
La literatura explica esta incongruencia con al menos cuatro argumentos: a) más que el aumento absoluto del ingreso, lo que influye en la felicidad es el aumento relativo del ingreso; b) la forma cómo se distribuyen el crecimiento de la sociedad moderna importa; si se siente desigual no aumentará la felicidad; c) factores sociales como la inseguridad, el deterioro de la vida en comunidad, del tejido social y de la distribución educativa generan inconformidad e infelicidad; y d) aumentar el ingreso absoluto implica acceder a un nuevo status. Esto trae consigo problemas de adaptación.
En RD, el ingreso absoluto ha aumentado, pero el relativo no lo ha hecho de igual manera. A la vez, constantemente se cuestiona como se han distribuido los beneficios del crecimiento. A esto se añade una desigualdad en la distribución educativa y de oportunidades, así como una mayor inseguridad ciudadana. Posiblemente por esto aún estamos rezagados en las mediciones de felicidad. Y si esto no es un llamado a redefinir políticas públicas cabe preguntarse ¿Que lo sería?
REFERENCIAS
- Easterlin, R. A. (2003). Happiness and economics: How the economy and institutions affect well-being.
- Frey, B. S. (2010). Happiness: A revolution in economics. MIT press.
- Helliwell, J. F., Layard, R., Sachs, J. D., De Neve, J. E., Aknin, L. B., & Wang, S. (2025). World happiness report 2025.
- Helliwell, J., Layard, R., & Sachs, J. (2012). World happiness report.
- Layard R. (2003). Happiness: Has Social Science a Clue? Vol. 24. London: London School of Economics, Lionel Robbins Memorial Lecture 2002/3, London, UK.
- Layard R. (2005) Rethinking public economics: The implications of rivalry and habit. Economics and happiness. 1(1):147-170.
- Manfredi, M. (2022). (Material) Well-Being in Economics: Beyond GDP. In Happiness and Wellness-Biopsychosocial and Anthropological Perspectives. IntechOpen.
- Oswald, A. (1999). A non-technical introduction to the economics of happiness. University of Warwick.










