
“Medir es hacer visible; hacer visible es el primer paso para reconocer, priorizar y transformar
un problema social.”
Cuando la Oficina Nacional de Estadística publicó la ENHOGAR 2006, la República Dominicana era un país bastante distinto. La economía era mucho más pequeña, persistían importantes carencias de servicios básicos y el país todavía evaluaba sus avances en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Casi veinte años después, la ENHOGAR-MICS 2025 permite mirar hacia atrás y plantearse una pregunta que resulta especialmente relevante para los economistas. ¿En qué dimensiones el fuerte crecimiento económico dominicano se ha traducido en mayor bienestar y en cuáles todavía no?
La respuesta es alentadora, pero también deja algunas preguntas incómodas.
En ciertas dimensiones el país cambió enormemente. En otras, las brechas que observábamos hace veinte años siguen apareciendo en el mapa. Y quizás allí se encuentra la principal enseñanza de esta comparación. El crecimiento económico puede eliminar algunas privaciones con relativa rapidez, mientras otras parecen depender de transformaciones institucionales, territoriales y culturales mucho más profundas.
Una economía y sociedad muy distintas
Entre 2006 y 2025 la República Dominicana experimentó uno de los periodos de mayor crecimiento económico de América Latina. Durante esos años, el PIB real prácticamente se duplicó, aumentó significativamente el ingreso por habitante, cayó la pobreza monetaria, avanzó la urbanización, se expandieron la cobertura de salud y la infraestructura básica.
Era razonable esperar que semejante transformación económica dejara una huella importante sobre las condiciones de vida de la población. En buena medida, así ocurrió.
Pero los datos también muestran algo menos evidente. No todas las dimensiones del bienestar responden de la misma manera al crecimiento económico. Algunas mejoran rápidamente cuando aumentan los ingresos y se amplían los servicios públicos. Otras presentan una persistencia sorprendente.
Un país que logró registrar a mucho más de sus niños
Uno de los avances más claros aparece en el registro oportuno de nacimientos.
En 2006, aproximadamente 78% de los niños menores de cinco años estaban registrados. Las diferencias socioeconómicas eran muy amplias. Entre los hogares del quintil más pobre, la proporción apenas alcanzaba 59.3%.
En 2025, el registro llega a 91.5% a nivel nacional y supera el 99% entre los hogares del quintil de mayores ingresos. También se redujeron las brechas territoriales.
No se trata de un indicador menor. El registro civil es, en muchos sentidos, la puerta de entrada formal al Estado. Facilita el acceso a educación, salud, protección social y otros derechos.
Detrás de esta mejora probablemente confluyen reformas administrativas, campañas de registro y una mayor presencia de los servicios públicos. Es una muestra de que determinadas privaciones pueden reducirse sustancialmente cuando existe continuidad institucional y las políticas públicas logran llegar a los hogares.
En educación, la pregunta ha cambiado
La transformación educativa resulta más difícil de resumir en un único indicador porque las preocupaciones de política pública también han cambiado.
En 2006, una cuestión central era todavía garantizar que los niños asistieran a la escuela. La tasa neta de asistencia primaria rondaba el 92%, lo que dejaba a una parte de la población infantil fuera del sistema educativo.
Dos décadas después, la ENHOGAR-MICS 2025 reporta una alfabetización de 97.2% entre los jóvenes de 15 a 24 años.
Estos indicadores no miden exactamente lo mismo y, por tanto, no deben interpretarse como una comparación directa. Pero sí ayudan a ilustrar una transformación importante de la agenda educativa.
Hace veinte años, buena parte de la discusión giraba alrededor de la cobertura. Hoy la pregunta es cada vez más exigente. ¿Qué están aprendiendo los estudiantes y qué capacidades están desarrollando?
La calidad del aprendizaje, las habilidades digitales y la capacidad del sistema educativo para elevar la productividad futura adquieren así un peso creciente.
Los servicios básicos muestran otra cara del progreso
La infraestructura también refleja la magnitud del cambio.
En 2006 todavía existían carencias considerables de agua segura y saneamiento. Cerca del 75% de la población tenía acceso a fuentes mejoradas de agua y las diferencias entre zonas urbanas y rurales eran importantes. En regiones como Enriquillo, menos del 30% de los hogares disponía de inodoros.
En 2025, la disponibilidad de electricidad alcanza 97% y las condiciones sanitarias se encuentran muy por encima de las observadas dos décadas atrás en gran parte del territorio, aunque todavía persisten rezagos regionales.
Nuevamente, los indicadores disponibles para ambos años no siempre permiten comparaciones uno a uno. Sin embargo, vistos en conjunto, muestran una expansión considerable de la infraestructura y de los servicios disponibles para los hogares dominicanos.
Hasta aquí, la historia resulta bastante conocida. Una economía que crece, un Estado que amplía servicios y una población que progresivamente supera determinadas privaciones materiales.
Lo más interesante aparece cuando observamos aquello que no ha cambiado con la misma velocidad.
La geografía sigue importando demasiado
Quizás uno de los hallazgos más interesantes de comparar dos décadas no sea descubrir cuánto cambió el país, sino identificar las cosas que parecen resistirse al cambio.
Las regiones que mostraban mayores rezagos en 2006 continúan apareciendo entre las más vulnerables en 2025. Enriquillo, El Valle e Higuamo siguen presentando indicadores inferiores al promedio nacional en múltiples dimensiones.
Dicho de otra manera, el mapa de la vulnerabilidad social parece haber cambiado menos que el mapa económico del país.
¿Por qué?
La comparación entre las encuestas no permite responder por sí sola esa pregunta. Pero la persistencia territorial invita a investigar factores estructurales como las diferencias de productividad local, el acceso desigual a servicios públicos, la acumulación de capital humano y la migración de población joven.
Después de casi dos décadas de fuerte crecimiento nacional, entender por qué algunas regiones permanecen rezagadas debería ocupar un lugar central en la discusión sobre desarrollo territorial.
La fecundidad baja, pero la maternidad adolescente persiste
La demografía también muestra velocidades diferentes.
En 2006, la tasa global de fecundidad se estimaba en aproximadamente 2.6 hijos por mujer, reflejando ya un descenso importante respecto de décadas anteriores. Para 2025, la fecundidad total continúa disminuyendo. Sin embargo, la maternidad adolescente permanece elevada en varias regiones.
El contraste es importante porque muestra que una caída de la fecundidad promedio no necesariamente implica una reducción uniforme de los embarazos durante la adolescencia.
Desde una perspectiva económica y social, esta persistencia merece especial atención por su posible relación con la acumulación de capital humano, la participación laboral femenina y la transmisión intergeneracional de la pobreza.
Hay problemas que el ingreso, por sí solo, difícilmente resuelve
Probablemente uno de los temas donde menos progreso se aprecia es la disciplina infantil, en contraste con los avances observados en infraestructura y cobertura de servicios.
La ENHOGAR-MICS 2025 muestra que más de la mitad de los niños experimenta métodos violentos de disciplina y que casi cuatro de cada diez reciben castigos físicos. Este tipo de indicador plantea un problema distinto.
Construir infraestructura, ampliar una red eléctrica o extender determinados servicios públicos depende de recursos, capacidad institucional y continuidad de las políticas. Modificar prácticas de crianza arraigadas socialmente puede requerir mecanismos completamente diferentes.
Aquí aparece una distinción que merece mayor atención. Algunas privaciones son principalmente materiales; otras están profundamente vinculadas con comportamientos, instituciones y normas sociales.
El crecimiento económico puede ayudar con ambas, pero probablemente no sea suficiente para transformar las segundas.
Los nuevos problemas de un país que también cambió
La comparación histórica revela además algo curioso. Varias preguntas que hoy consideramos fundamentales prácticamente no formaban parte de la agenda pública de 2006.
Acceso a Internet, uso de tecnologías digitales, estimulación temprana, desarrollo infantil, funcionamiento infantil, aprendizaje temprano, salud mental y participación del padre en el cuidado de los niños ocupan hoy un espacio mucho mayor.
Esto no significa necesariamente que esos problemas no existieran hace veinte años. Significa que cambió nuestra manera de definir y medir el desarrollo.
Cuando las carencias básicas son generalizadas, la prioridad natural es ampliar la cobertura de electricidad, agua, saneamiento, educación y salud. A medida que esas brechas se reducen, la vara sube.
Ya no basta con preguntar si un niño asiste a la escuela; queremos saber si aprende. No basta con saber si un hogar tiene acceso a determinados servicios; importa la calidad de esos servicios. Y no basta con medir supervivencia y cobertura: adquieren mayor importancia el desarrollo cognitivo, el bienestar emocional y las capacidades que permitirán desenvolverse en una economía cada vez más compleja.
En ese sentido, la agenda social dominicana parece estar transitando gradualmente desde una agenda de cobertura hacia una agenda de capacidades.
Lo que todavía necesitamos entender
La comparación entre 2006 y 2025 deja abiertas preguntas que van mucho más allá de describir indicadores.
¿Por qué algunas regiones han logrado cerrar brechas mientras otras permanecen relativamente rezagadas después de casi veinte años de crecimiento?
¿Qué dimensiones del bienestar responden principalmente al aumento del ingreso y la inversión pública, y cuáles requieren cambios institucionales, conductuales o culturales?
Y quizás la pregunta más importante para los próximos años: ¿está preparada la política social dominicana para pasar de una agenda centrada en ampliar cobertura a otra enfocada en calidad, capacidades humanas y movilidad social?
Responder estas preguntas requerirá ir más allá de las comparaciones descriptivas y estudiar los mecanismos que explican los cambios observados.
Veinte años después
Mirar conjuntamente la ENHOGAR 2006 y la ENHOGAR-MICS 2025 permite apreciar una República Dominicana considerablemente distinta.
Hay avances que merecen ser reconocidos. La expansión de los servicios básicos, el registro civil y los elevados niveles de escolarización muestran que determinadas privaciones pueden reducirse de manera sustancial cuando el crecimiento económico coincide con políticas públicas sostenidas. Pero la comparación también muestra los límites de esa transformación.
La desigualdad territorial, la maternidad adolescente y determinadas prácticas de crianza presentan una persistencia mucho mayor. No necesariamente porque el crecimiento económico sea irrelevante para ellas, sino porque intervienen mecanismos que van más allá del ingreso.
Quizás que el desarrollo ocurre a distintas velocidades sea la enseñanza más interesante de estos veinte años.
Primero puede llegar la infraestructura. Después, la cobertura. Pero transformar capacidades, oportunidades, territorios y comportamientos puede tomar mucho más tiempo.
Por eso, el principal valor de la ENHOGAR-MICS 2025 no consiste únicamente en decirnos dónde está hoy la República Dominicana. Al compararla con el pasado, también nos permite identificar qué problemas hemos aprendido a resolver y cuáles continúan resistiéndose al progreso económico.
Para los economistas, esa distinción abre una agenda especialmente interesante. Dejar de preguntar solamente qué cambió y comenzar a estudiar por qué algunas cosas cambiaron tanto y otras tan poco.










